El primo Nicolás

Se llevan cuatro años pero se entienden a la perfección.





















Ayora, julio de 2011.

Ayora 2011

En la casa de Ayora, Hugo ha pasado los días viendo pasar los coches, 


comiendo galletas, 

jugando con su padre

 y caminando por el jardín y el porche.


























Ayora, 29 de julio de 2010.

Los chicos solos

Este verano estuve varios días de Rodríguez, sin Ponce senior ni Ponce junior. No parece que me echaran mucho de menos, ni padre ni hijo, je, je. Me gusta verles juntos.





















Albacete, julio de 2010.

Leyendo con la abuela

Si hay algo que parece que va a heredar Hugo de su familia es la locura por los libros.




















Aquí, leyendo con su abuela María José, que también pasó unos días en Albacete. 26 de julio de 2010.

Piscina: bien, pero lo justo

De momento, Hugo prefiere el mar a la piscina. Aunque se lo pasó de lo lindo con su prima Ana en Albacete.





















Hubo días que no se quiso bañar. La piscina es taaan grande para él que le daba un poquillo de miedo.

























Albacete, 19 de julio de 2010.

Anochecer en Las negras

El último día de veraneo en la playa, traca final: biberón a Hugo frente al mar al anochecer mientras sus papis hacen botellón de claritas de cerveza mecidos por una brisa fresca y el run-run calmo de las olas. Presidiendo, una luna llena de infarto que ilumina por completo la playa, de piedras negras.





















Almería, 19 de julio de 2011.

Tardes de iPhone

Está más enganchado al iPhone que su padre, que ya es decir, y pasa las páginas con los dedos más rápido que cualquier otro mortal... ¿Me asusto?



























Almería, 18 de julio de 2011.

La sandía

Hugo ha descubierto la sandía... Esta amistad promete.








Almería, 17 de julio de 2011.

Los veranos de la infancia

Mis recuerdos de los veranos de mi infancia me trasladan a la playa de Denia -en los años setenta éramos los únicos españoles en determinada franja de arena de la playa "El delfín"- a la que nos desplazábamos diariamente desde el solitario y precioso chalé "El cactus" que teníamos en pleno monte, cerca de la población de La Jara, un espacio actualmente irreconocible, de tan urbanizado.
También al mini-golf de Las Rotas, el exótico restaurante chino de la zona al que nos llevaban mis padres, al primer Mercadona que entré y que servía pescado traído directamente de la lonja de Denia, al híper Aguilar donde llenábamos dos carros de la compra hasta arriba por 10.000 pesetas, a los incendios forestales de todos los agostos, a Venta de Posa, La taberna antigua, el mercadillo de Jalón, el cine de verano de La Jara...
Mi hermano y yo recolectábamos moras, disparábamos con el rifle a los avisperos, cogíamos cochas y caracolas de la playa -por entonces había- y las clasificábamos, recogíamos almendras y algarrobas de los campos y lavábamos el coche a mi padre por cinco duros.
No sé dónde construirá Hugo sus recuerdos de veraneo. Me gustaría que fuera tan feliz como lo fui yo.



















Apurando el último día de playa...




















Nos despedimos del Cabo de Gata hasta el año que viene. ¡Qué bonito es este lugar!























Cabo de Gata, Almería, 18 y 19 de julio de 2011.

La playa de piedrecitas

Esta playa del Cabo de Gata llena de piedrecitas como de fondo de pecera le encantó y no es tan inaccesible como la de Los Muertos. Repetiremos.























Cabo de Gata, Almería, 14 de julio de 2011.

Juegos playeros de don Croqueta

Ahora acudimos a la playa cargados con toda una serie de objetos que, de no existir Hugo, obviaríamos en su mayoría: dos sombrillas, dos toallas tamaño XXL, dos mudas, nevera, cubos apilables, piscinita hinchable y hasta una tiendecita de campaña con tela protectora de los rayos del sol en la que el niño se pega unas siestas de envidia... O sea, como tres hippies en Formentera :)































Cabo de Gata, Almería, 13 y 14 de julio de 2011.