Como Darío es todavía muy pequeño y depende prácticamente todo el día de mí, Hugo y su padre están más unidos que nunca. Da gusto y envidia a la vez verles tan bien juntos.
Por el contrario, ahora yo me debo más al "nuevo" aunque vigilo muy de cerca al otro, para que no nos alejemos mucho. Echo de menos a Hugo, no poder prestarle, al menos de momento, toda la atención de antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario