El sábado disfrutamos de una agradable comida en la que compartimos mesa con grata compañía a la que hacía tiempo que no veíamos. La paella estaba buena, la conversación fue fluida, los niños dejaron comer a los padres -a los que la sangría sacó los colores y las risas- y hasta el atardecer fue espectacular.
Una buena jornada, un buen recuerdo.
El Palmar (Valencia), 6 de noviembre de 2010.
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