Qué orgullosa estoy de él: una desconocida vestida de blanco le pincha tres vacunas -dos en una pierna y la tercera en la otra- con una aguja igual a que la que nos clavan a los adultos y el niño se ha quejado tan sólo unos segundos y luego ni plin.
Ayora, 6 de agosto de 2010.


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