No sabía si sería capaz de amamantar a mi hijo. La respuesta la obtuve el primer día que le cogí en brazos, aún en la UCI. Una enfermera me dijo que probara darle de mamar, que le iría bien. Allí mismo, fuera de horario de visita, en una silla dispuesta entre incubadoras, tomé a Hugo en mis brazos y en cuanto le enseñé un pecho se abalanzó sobre él como loco.
Me encanta mirarle cuando mama. Siempre sonríe cuando acaba.
Dar pecho establece un vínculo muy chulo entre madre e hijo. ¡Viva la lactancia materna!
Una tarde, en Ayora. 24 de julio de 2010.



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