Se le veía tan pequeño entre tanta inmensidad.
No sé qué le ha impresionado más, si la sensación de calma del bosque o las miles de hojas de los árboles, en las ramas y en el suelo, que no podía dejar de querer coger.
Va a ser un gran amante de los hayedos, como su mamá. Irati, Tejera Negra, Montejo, Saja-Nansa, Riaza...
Al fijar este destino en el mapa lo habíamos minusvalorado, pensando que la Fageda d'en Jordà se compondría de cuatro hayas mal dispuestas en algún pliegue sombrío del grandioso monte de coníferas que rodea Olot. Además, la ubicación del hayedo -al lado de una carretera- no hacía presagiar nada bueno. Pero, claro, con un enano de cuatro meses tampoco vas a hacer la ruta del Cares de los Picos de Europa, sino que buscas rincones accesibles...

Pues, ¡sorpresa! Entre ancestrales volcanes ahora escondidos bajo apariencia de simples montañas, descubrimos este pequeño gran hayedo que nos permitió, a dos minutos andando del coche, disfrutar de la fascinante naturaleza pura y salvaje.
Fageda d'en Jordà. Olot (Girona), 16 de octubre de 2010.
















No hay comentarios:
Publicar un comentario