Al día siguiente quisimos pasar un rato en la playa de l'Illa roja, pero el mar estaba tan revuelto que el lugar era prácticamente inaccesible. Las olas, además, lo habían engullido.
El intrincado camino de acceso a la playita en cuestión -a la derecha de la imagen- pedía a gritos: "Crúzame".
No nos atrevimos a pasar. Parece ser que con un niño en los brazos uno actúa de un modo más responsable....
Las vistas de la platja de Pals y de les illes Medes eran ese día acojonantemente bonitas. Hugo, con su mono de rayas y montado en la mochila, no acusó el frío y fuerte viento.
Un último vistazo a la costa gerundense antes de emprender el viaje de vuelta...
Girona, octubre de 2010.














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