Extremadura (y V)

El último alto en el camino fue la ciudad de Cáceres.
Antes, pasamos por Pedroso de Acim, en cuyas inmediaciones se encuentra el monasterio del Palancar,  del siglo XVI, considerado, con 70 metros cuadrados, el más pequeño del mundo. Nos lo enseñó en privado el fraile franciscano fray José, un abuelete misterioso vestido con hábito que inquietaba mucho a Hugo.
También paramos en el parque natural de los Barruecos -en el término municipal de Malpartida de Cáceres, que posee el mayor censo de cigüeñas de España-, donde tiramos piedras a la laguna.

























La ciudad de Cáceres, con su zona medieval y sus murallas romanas y árabes, nos encantó... sobre todo alojándonos en pleno casco histórico, de paso prohibido al vulgo, en el parador nacional, en una de las habitaciones principales de este palacio de piedra del siglo XIV.
Hugo se volvió loco con el empedrado de las calles (quería coger, sin lograrlo, las piedras para tirarlas al agua) y con las cortinas de la habitación (de más de 5 metros de altura).
Nosotros enloquecimos con el pantagruélico y gustoso desayuno en el jardín...




























Cáceres, 25 y 26 de marzo de 2012.

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